miércoles, 4 de enero de 2012

Lo que la Biblia Enseña Sobre el Diezmo, Ofrendas y Primicias

Lo que la Biblia Enseña Sobre el Diezmos, Ofrendas y Primicias
La  manera como luchas con el dinero revela  sobre tus prioridades, lealtades y ambiciones.
Aquello en lo que primero aplicamos nuestro dinero demuestra donde están  nuestras prioridades y lealtades. Necesitamos colocar a Dios en primer lugar en nuestras vidas: en nuestra familia, profesión y encima de todo en nuestra vida financiera.
Jesús dijo que donde estuviera  nuestro tesoro allí escaria nuestro corazón. El corazón está en el centro de los intereses de Dios, por esto la cuestión del dinero es tan importante, pues es lo único que de hecho puede concurrir con Dios en el control de nuestro corazón.
Existen dos cosas que Dios separa exclusivamente para si: el diezmo y las primicias. La forma como lidiamos con ellas va determinar la bendición o la maldición en nuestras vidas. Las ofrendas es resultado de nuestro amor.
EL DIEZMO

A palabra “diezmo” significa la décima parte de alguna cosa.
Diez por ciento de todo lo que nos viene a las manos debe ser entregado al Señor, porque el diezmo es santo, o sea, separado exclusivamente para Dios.
Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová. (Levítico 27:32)

Los diezmos y las ofrendas le pertenecen a Dios
Si tú dejas de entregarlos estas robando a Dios. Si robas a los hombres traes maldición, te imaginas robar de Dios?
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. (Malaquias 3:8-9)

El diezmo es diferente de la ofrenda
Diezmo es dar el diez por ciento de mi salario, pero la ofrenda es cualquier cosa que yo doy fuera de mi diezmo.
El diezmo es para la protección contra o devorador, mientras que  la ofrenda es para la  prosperidad.
Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.( Malaquias 3:11)
El diezmo muestra  nuestra fidelidad, pero  nuestra ofrenda demuestra nuestro amor.
El diezmo es ley, pero la ofrenda es amor. Por tanto, la ofrenda debería ser mayor que el diezmo.
El diezmo no es una semilla, pero las ofrendas son semillas. La palabra de Dios dice que aquel que siembra generosamente cosechara con abundancia por que Dios es fiel.
“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará (II Cor. 9:6)”.
Porque debo entregar  mi diezmo?
1. Porque Dios lo ordena
Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. Lv. 27:30

2. Porque Jesús dice que debemos hacerlo.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquelloMt. 23:23).

3. El diezmo me recuerda que todo lo que tengo me fue dado por Dios
Sino acuérdate de Jehová tú Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Dt. 8:18.”

4. El diezmo expresa mi gratitud a Dios
Cada uno con la ofrenda de su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado. Dt. 16:17
¿Qué pagaré a Jehová
Por todos sus beneficios para conmigo? Sl. 116:12

5. Dejar de dar el diezmo es robar a Dios
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. 9Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robadoMl. 3:8-9.

6. El diezmo libera bendición sin medida de parte de Dios
Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Ml. 3:10.”

LAS PRIMICIAS
1.El primogénito debe ser sacrificado o redimido
Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es. Ex 13.2
Por 16 Veces las escrituras declaran que el primogénito pertenece al Señor. Este es un principio importante de la Palabra de Dios. Las primicias de cualquier cosa le pertenecen exclusivamente a Dios.
Dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. 13Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos. Ex 13.12-13
La regla es: que el animal puro debería ser sacrificado, pero  El impuro debería ser redimido.
Esta es una de las grandes revelaciones de las escrituras. Es un cuadro de la redención del Señor. Todos nosotros nascemos impuros, por eso deberíamos ser redimidos, pero Jesús siendo el primero y puro, tuvo que ser sacrificado. Como puro el murió para redimir a los impuros y como  primogénito puro el debe ser sacrificado.
Jesús es como si fuera el diezmo de Dios. El nos fue dado por la Fe. Jesús es la ofrenda de Dios, o  su semilla, para poder cosechar la gran cosecha de la humanidad.
Diezmo es solo una cuestión de colocar a Dios primero.
2. Los primeros frutos deben ser ofrendados
Las primicias de los primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre. Ex 34.26
El Señor  dice que las primicias de los primeros frutos eran de El. No era solo los primeros, pero los primeros de entre los primeros. Dios jamás acepta ser el segundo.
Honra a Jehová con tus bienes,
Y con las primicias de todos tus frutos;
Y serán llenos tus graneros con abundancia,
Y tus lagares rebosarán de mosto. Pv. 3.9-10
El ejemplo de Jericó
La primera ciudad en ser conquistada fue Jericó. El Señor dijo que todo oro es toda plata de aquella ciudad seria de El, porque era la primera (Josué 6.18-19). Todo lo que es primero es de Dios. Ve la consecuencia de Cam de haber tomado algo que era de Dios. Ve que a partir de la segunda ciudad los despojos podrían ser divididos entre el pueblo.
Porque Acan  fue maldecido? Porque cogió. Aquello que era santo y consagrado, y ningún hombre podría coger. Eso es exactamente lo que el diezmo significa: algo santo que pertenece a la Casa del Señor. Si alguien coge  el diezmo tendrá la misma maldición que cayo sobre Acan.
Dios no dijo a Josué: después que conquistes diez ciudades dame una, antes El dijo: la primera es mía.
El ejemplo de Abel es Cain
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. 4Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; 5pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Gn 4.3-5.
La ofrenda de Abel fue de las primeras del rebaño, pero la ofrenda de Caín no fue de las  primicias de su cosecha. Este es uno de los motivos que la ofrenda de Abel fue acepta y la de Caín rechazada. Dios solamente acepta lo primero y solamente cuando el es colocado en primer lugar.
La ofrenda de Caín no procedió de fe pues el trajo al Señor algo que después de algún tiempo, o sea, después de juntar alguna cosecha. Pero Abel trajo las primicias, o sea, el no espero tener mas para ofrendar al Señor. El dio lo primero antes De la segunda venida.
El ejemplo de Pablo
En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. 2Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. I Cor 16.1-2.
Pablo ordeno que la ofrenda fuese recogida en el primer día de la semana apuntando para las primicias. El también mando que la ofrenda es proporcional a la prosperidad de cada uno. Proporción nos habla de porcentaje. El porcentaje bíblico es 10 por ciento.

Porque Dios exige lo primero?
Porque lo primero es la posición de honra (Pv 3.9-10)
Dios nunca acepta ser el segundo. El debe ser amado y honrado encima de todos los demás.
Todo aquello que colocamos como lo primero establece  su poder sobre  nuestras vidas
.
Siempre colocamos en primer lugar aquel a quien mas tememos y respetamos
La cuestión es a quien tememos y respetamos mas?
El domingo es el primer día de la semana. Quien desea honrar a Dios debería darle la mejor parte del domingo.
La primera opción tiene la bendición sobre ella
Cuando damos el diezmo el resto es bendecido. La primera porción redime el resto o los 90%. Cuando damos el diezmo el resto es redimido. La primera porción es la porción redentiva.
Pablo dice que es la primicia que santifica toda a masa.
Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Rm 11.16.
Dar lo primero exige fé.
Si damos el diezmo después de haber pagado todo, eso no es fe. Diezmo no es apenas 10%, es lo primero.
Solamente es aceptable delante de Dios aquello que procede de fe (Rm 14.23)
Para concluir recuerde que Dios separo ciertas cosas exclusivamente para El entre ellas están los diezmos y las primicias.
El diezmo y las primicias son una oportunidad de mostrar al mundo espiritual que Dios es lo primero en nuestras vidas.



jueves, 27 de octubre de 2011

..Perfil de Eli · El muro de Eli
PúblicoEli Arias
Iglesia Católica propone gobierno mundial para solucionar crisis económica global
El Vaticano, propone el establecimiento de un gobierno mundial capaz de coordinar acciones políticas consensuadas para estabilizar una economía en debacle por «un liberalismo sin reglas y sin supervisión». El documento hace un repaso económico y político de las causas de la crisis.
Italia | Martes 25 de Octubre, 20 ...11 | Por Ronald Gonzalez|


(NoticiaCristiana.com). El Vatticano dice tener la solucion a la crisis economica global, según informó la sede oficial en Roma. Se trata de crear una Autoridad Política Mundial y un Banco Central Mundial que favorecerían «mercados libres y estables , disciplinados por un cuadro jurídico adecuado».

Estas declaraciones fueron incluidas en una nota oficial del Pontificio Consejo de la Justicia y de la Paz titulada “Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una autoridad pública de competencia universal”.

El texto -difundido en italiano, francés, español e inglés- destacó la necesidad del establecer una “autoridad política mundial” que supere las lógicas reduccionistas de los actuales mecanismos de coordinación como el Grupo de los Ocho (G-8) o el Grupo de los Veinte (G-20), vistos más como “clubes de amigos”.

Se pronunció a favor del establecimiento de impuestos a las transacciones financieras, conocidos coloquialmente como “tasas Robin Hood”, y aprobó la recapitalización de los bancos incluso con capitales públicos, condicionados siempre a “prácticas virtuosas”.

Además constató la exigencia de un organismo que desarrolle las funciones de una especie de “banco central mundial” que regule el flujo y el sistema de los intercambios monetarios, con el mismo criterio que los bancos centrales nacionales.

En un libreto de 40 páginas el organismo vaticano dejó en claro la necesidad de reformar las actuales instituciones internacionales, desde la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hasta el Fondo Monetario Internacional.

“Resulta cada vez más evidente la creciente interdependencia entre los Estados y las regiones del mundo, y la necesidad de respuestas, no sólo sectoriales y aisladas, sino sistemáticas e integradas, orientadas hacia el bien común universal”, indicó.

“Si no se sigue ese camino, también el derecho internacional, no obstante los grandes progresos alcanzados en los diversos campos, correría el riesgo de estar condicionado por los equilibrios de poder entre los más fuertes”, agregó.

La autoridad política mundial superaría las lógicas reduccionistas del Grupo de los Ocho (G-8) o el Grupo de los Veinte (G-20), a los que el texto define como «clubes de amigos».

La nueva gobernanza económica mundial que propone la Iglesia católica, está a favor del impuesto a las transacciones financieras, y de la recapitalización de los bancos, incluso con capital público siempre que se dedique a «prácticas virtuosas».

En cuanto al «banco central mundial», sería una institución a modo de los bancos centrales nacionales pero a nivel global. Para ello se debería reformar el «sistema monetario internacional», junto con las instituciones. Desde la ONU al Fondo Monetario Internacional (FMI) que «ha perdido su capacidad de garantizar la estabilidad financiera global».

El Vaticano dice que si no nace un “gobierno mundial”, con capacidad para afrontar la especulación a gran escala, “se generará progresivamente un clima de creciente hostilidad e incluso de violencia hasta minar las bases de las instituciones democráticas”.

La propuesta incluye una Banca Central Mundial, impuestos sobre transacciones financieras proporcionales a la sofisticación del producto financiero, un Fondo mundial de recapitalización bancaria, y reglas distintas para banca comercial y de inversiones

martes, 1 de febrero de 2011

¡Hey hombre es para usted!

LEELO HOMBRE ES PARA USTED
Luis Fernando Veríssimo, escritor brasileño (Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 26 de Septiembre de 1936)

El irrespeto por la naturaleza ha afectado la supervivencia de varios seres, y entre los más amenazados está la hembra de la especie humana.
 Tengo apenas un ejemplar en casa, que mantengo con mucho celo y dedicación, pero en verdad creo que es ella la que me mantiene. Por lo tanto, por una cuestión de auto-supervivencia, lanzo la campaña “Salvemos a las mujeres”.
Tomen de acá mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos los raros y preciosos ejemplares que todavía quedan:  
1. Hábitat:
La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su DNA. Usted jamás tendrá la posesión sobre una mujer; lo que la va a atar a usted es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.
2. Alimentación correcta:
Nadie vive de la brisa. Mujer vive de cariño. Déle en abundancia. Es cosa de hombre, y si ella no lo recibe de usted, lo buscará en otro. Besos matinales y un “yo te amo” al desayuno las mantienen bellas y perfumadas durante todo el día. Un abrazo diario es como el agua para los helechos. No la deje deshidratarse. Por lo menos una vez al mes es necesario, si no obligatorio, servirle un plato especial.
3. Flores:
También hacen parte del menú. Mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.
4. Respete la naturaleza:
¿No soporta la TPM (tensión pre-menstrual)? Cásese con un hombre. Las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, de discutir sobre la relación. Si quiere vivir con una mujer, prepárese para eso.
5. No restrinja su vanidad:
Es propio de la mujer hidratar las mechas, pintarse las uñas, echarse labial, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar aretes, comprarse muchos zapatos, pasar horas escogiendo ropas en un centro comercial. Comprenda todo esto y apóyela. 
6. El cerebro femenino no es un mito
Por inseguridad, la mayoría de los hombres prefiere no creer en la existencia del cerebro femenino. Por ello, buscan aquellas que fingen no tenerlo (y algunas realmente lo jubilaron). Entonces, aguante: mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Si usted está cansado de coleccionar estatuillas, intente relacionarse con una mujer.
Algunas le mostrarán que tienen más materia gris que usted. No les huya, aprenda con ellas y crezca. Y no se preocupe; al contrario de lo que ocurre con los hombres, la inteligencia no funciona como repelente para las mujeres.
7. No haga sombra sobre ella...
Si usted quiere ser un gran hombre tenga una mujer a su lado, nunca atrás. De esa forma, cuando ella brille, usted se bronceará. Sin embargo, si ella está atrás, usted llevará una patada en el trasero.
8. Acepte:
Mujeres también tienen luz propia y no dependen de nosotros para brillar. El hombre sabio alimenta los potenciales de su compañera y los utiliza para motivar los propios. Él sabe que, preservando y cultivando la mujer, él estará salvándose a sí mismo. 



                                             

jueves, 20 de enero de 2011

JUDAS EL ISCARIOTE:CULPABLE O INOCENTE

Un día Judas, el Iscariote, comparecerá ante el Señor en el juicio del Gran Trono Blanco (Ap 20.11-12). Allí estará el Juez Supremo. Allí se dictará la sentencia final. Allí el Universo contemplará las consecuencias de ignorar o subestimar los privilegios ofrecidos por el Señor.
UN ABOGADO PARA JUDAS ISCARIOTE
Qué habría dicho el abogado defensor de Judas Iscariote. El abogado que asume esa función tiene que buscar atenuantes, tiene que hallar argumentos, tiene que presentar pruebas que favorezcan al acusado, aunque crea o sepa que su defendido es culpable. A través de la historia gran parte de la humanidad ha condenado a Judas Iscariote. Padres y madres, creyentes o ateos, jamás eligen para sus hijos el nombre de Judas Iscariote. Ese nombre está asociado a ideas de traición, a la ignominia, al oprobio, al deshonor.
La palabra «Judas» se usa en los grupos políticos, o en la sociedad entera, para calificar a los desleales, los pérfidos, los infieles. Ni siquiera la existencia de otros personajes de la antigua historia cristiana, también llamados Judas (Judas, hermano del Señor; Judas Tadeo o Lebeo, hijo de Jacobo; Judas de Damasco; Judas Barsabás) ha despojado a ese nombre de su marco siniestro. Quizás muy pocos letrados hayan imaginado la posibilidad de defender a Judas Iscariote ante un tribunal humano. Hoy trataremos de hacer un juicio, no para declararlo inocente, sino para contemplarnos a nosotros mismos con la toga de los magistrados, de los fiscales, de los abogados, frente al protagonista de una gran tragedia.
ANTECEDENTES
Según dice el Evangelio de Juan (13.21-30), cuando Jesús señaló claramente a Judas, le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo más pronto». El relato agrega: «Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta, o que diese algo a los pobres.» ¡Ellos no imaginaban que Judas Iscariote iba a ser el entregador!... ¡El Iscariote tenía cara de inocente! Hoy diríamos: «cara de buen cristiano». ¿Por qué? ¡Porque Judas Iscariote había estado junto a ellos, en estrecha amistad con ellos, todo el tiempo al lado de Jesús!
Sin embargo, alguien podría preguntar: ¿No les había dicho Jesús: «uno de vosotros es diablo» (Jn 6.70–71)?... ¡Sí! La Biblia aclara que se trataba de Judas, pero en esa ocasión Jesús no lo identificó. Aguardó hasta el final. Otros tal vez digan: ¿Acaso los demás discípulos ignoraban que, como dice también el Evangelio de Juan (12.6), el Iscariote «era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella»? ¡Era verdad, pero ellos no lo sabían en ese momento! ¡Tampoco prestaron atención cuando Judas preguntó: «¿Soy yo, Maestro?» y Jesús le contestó: «¡Tú lo has dicho!» (Mt 26.25). Los evangelios se escribieron mucho tiempo después, cuando los pecados secretos del Iscariote ya habían sido descubiertos, ¡pero no debemos olvidar que, en la última cena, ninguno los conocía!
Además, sin que intentemos justificarlo, hasta entonces Judas había practicado un «robo hormiga», minúsculo, porque Jesús nunca nadó en dinero, ¡su bolsa no era abundante! Para pagar el impuesto del templo, el Señor tuvo que recurrir a una moneda que estaba en la boca de un pez (Mt 17.24–27). Pienso que Judas Iscariote no es un caso aislado de alguien que trata de obtener «pequeñas» ganancias deshonestas en su ministerio religioso (y me refiero a lo que él hacía antes de traicionar a Jesús). Al juzgarlo por eso, cada uno debe revisar su propia conciencia. Tengamos en cuenta que, hasta la última hora, Judas Iscariote tuvo una «buena imagen».
EL ACUSADO
¿Qué sabemos sobre Judas Iscariote?... Su historia es una historia sombría. Iscariote es Ish-Querioth, hombre del pueblo de Queriot, en el extremo sur de Judea. Entre los doce discípulos, era el único de ese lugar. Los demás eran galileos. Jesús invitó a Judas. Lo llamó a seguirlo... ¡Le dio una oportunidad! Y el Iscariote aceptó. ¿Por qué? Porque Judas era joven, entusiasta, lleno de vida, y estaba dispuesto a involucrarse en la aventura de seguir a un rabino igualmente joven, caminando junto con él por los caminos polvorientos de Palestina. Jesús no le ofrecía comodidades. Jesús era un maestro que así como era popular, también era rechazado. Era pobre. Había declarado: «Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos, mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza» (Lc 9.58). ¿Qué atractivo podía ofrecer Jesús a aquel muchacho de una lejana región?... Judas debió sentirse fascinado por la personalidad de Jesús. El Iscariote era impulsivo. Quizás un fanático. Tal vez veía en Jesús al futuro Libertador de Israel, al hombre que desplazaría a Poncio Pilato, a Herodes y a todos los que ejercían el poder. Estaba dispuesto a compartir su destino, su lucha. Vio a Jesús como el revolucionario, el nuevo líder de una revuelta contra Roma, el que sacudiría las cadenas opresoras, el que los libraría del dominio del Imperio.
Por eso no vaciló en seguir a Jesús. Lo siguió veinticuatro horas por día, siete días por semana, cuatro semanas por mes, doce meses por año. Era difícil distinguirlo de los demás, como hoy pasa con los cristianos nominales. Estuvo en todos los sermones, en todos los estudios bíblicos, en todos los tiempos de oración, en todos los retiros espirituales, en todas las ceremonias religiosas. ¿Se parece en algo a nosotros?... Fue el único discípulo que ejerció un cargo, el de tesorero, porque gozaba de la confianza de los demás. Un día Jesús «llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos... y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban» (Mr 6.7-13). Iban de dos en dos. ¡Esto significa que Judas estaba entre ellos!... ¡Quiere decir que el Iscariote predicaba que los hombres se arrepintiesen, que él echaba fuera demonios, que él sanaba a los enfermos! Judas tenía la experiencia de la teoría y la práctica, de la doctrina y del ministerio. Cursó una carrera en el mejor Seminario Teológico de toda la historia. ¡Era el doctor Judas Iscariote! ¡Había estudiado! ¡Su profesor fue Jesús! ¡Nunca faltó a clase! ¡Podía haber sido el principal orador en un congreso espiritual! ¡Podía haber predicado en una cruzada unida! ¡Podía haber sido pastor de una gran iglesia! ¡Podía haber enseñado en un seminario! ¡Podía haber escrito un libro! Tengámoslo en cuenta.
¿Fue el Iscariote un hipócrita? No lo sé. Judas había dejado su pueblo, su hogar, sus amigos, su entorno familiar, sus bienes materiales, para seguir a Jesús todos los días, de sol a sol. ¿Quién de nosotros hace eso ahora? Los otros discípulos visitaban frecuentemente sus casas de Galilea, pero Queriot se hallaba lejos y no era fácil viajar hasta allí. Judas podía decir al Señor, igual que Pedro, «nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido» (Mt 10.28). Creo que Judas era un muchacho inmaduro, con algunas ambiciones personales, que no entendía la misión redentora del Hijo de Dios porque confiaba en sus propias vivencias. Tenía los mismos defectos de los demás discípulos, trabajaba a la par de ellos, pero su corazón y su cerebro no estaban gobernados por Jesús. Paradójicamente, Judas estaba al lado de Jesús y, sin embargo, se hallaba muy lejos de él.
¡PENSEMOS!
Cuando llegue el Día del Juicio habrá muchos religiosos que le dirán al Juez Supremo: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y el Señor les responderá: «Nunca os conocí.» (Mt 7.21-23)
LA TENTACIÓN
Judas había oído o había sido testigo de la manera cómo Jesús se libraba de todo tipo de ataques. En Nazaret intentaron despeñarlo (Lc 4.28-30); en Jerusalén pretendieron apedrearlo (Jn 8.59); otras veces conspiraron contra él, pero Jesús siempre salió ileso. Era evidente que Jesús tenía recursos sobrenaturales. Había resucitado a Lázaro... y a otros. En base a esos antecedentes, el Iscariote fue tentado por Satanás a planear un pecado que, en su propia opinión, no tendría mayores consecuencias. Pensó en buscar secretamente una recompensa para entregar a Jesús en manos de sus verdugos. Creyó que no había peligro, porque Jesús todas las veces se había librado de sus enemigos, y ahora lo haría una vez más.
Treinta piezas de plata era una suma codiciable, fácil de ganar, sin riesgos, pues el Maestro tenía mucho poder y no podrían matarlo. Además, entregarlo a sus enemigos no era una cosa tan complicada. Toda la gente sabía dónde se hallaba Jesús, de modo que lo que Judas iba a hacer también lo podía hacer cualquier otro. Era público y notorio que Jesús solía estar en el huerto de Getsemaní. Judas estaba dispuesto a la traición, pero confiaba en la habilidad de su Maestro para salir del paso. En el aposento alto, Jesús había lavado los pies de Judas con sus propias manos. El Iscariote se había emocionado, pero la tentación era fuerte. Su corazón estaba dividido. Por cierto, Judas jamás imaginó las dimensiones de la terrible tragedia que su acción iba a desencadenar. En medio de la cena se retiró para cumplir su compromiso. Hay pecados que creemos intrascendentes, pero su fruto es fatal.
EL MÁXIMO DELITO
«Vino Judas, uno de los doce... Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.» (Mt 26.47-50) «Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?» (Lc 22.47-48) La traición se consumaba ante la mirada atónita de los demás discípulos. «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar.» (Sal 41.9) Cuando los soldados y alguaciles se marchaban llevando a Jesús, su infiel discípulo Judas Iscariote acariciaba las treinta piezas de plata. Pensaba: «De un momento a otro el Maestro saldrá en libertad. No es un pecado tan grave. Con este dinero podré volver a Queriot y empezar de nuevo».
LA DEFENSA
Al llegar la mañana, el Iscariote descubrió que Jesús no había salido en libertad. Supo que Jesús «era condenado» (Mt 27.3). Lo iban a matar. Sintió el tremendo peso de la culpa, la desesperación ante lo irreparable. Se había equivocado. Su pecado era gravísimo. En un instante pasaron por su mente los recuerdos de todas las experiencias vividas junto al Maestro, de todas las enseñanzas recibidas de los labios del Hijo de Dios. Sufrió el dolor de su propia traición. Había traicionado a Jesús, había traicionado a sus compañeros, había manchado sus manos con el vil precio de su felonía.
La desesperación devoró a Judas. Corrió alocadamente por las calles de Jerusalén y fue al templo. Allí, dice la Biblia, «devolvió arrepentido las treinta piezas de plata.» (Mt 27.3) Este es el primer punto de la defensa. «Se arrepintió.» Su actitud impresionaba como un genuino arrepentimiento. ¿Acaso alguien ignora que el arrepentimiento, si es verdadero, es uno de los pasos para la salvación? En el caso de Judas Iscariote, podríamos decir que su particular «arrepentimiento» fue el profundo pesar que le atormentó el corazón. Tuvo un gran remordimiento, que lo impulsó a abandonar dramáticamente el rumbo de su traición.
Devolvió las treinta piezas de plata. He aquí el segundo punto de la defensa. Hizo restitución. ¿No es otro paso para la salvación? En el Evangelio de Lucas (19.8) leemos que cuando un hombre llamado Zaqueo creyó en Cristo, dijo: «Si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.» Judas Iscariote devolvió todo el dinero que había recibido. No guardó un solo centavo. No podemos acusarlo diciendo que retuvo todo o parte del precio de su traición. No quiso conservar consigo las huellas de su infidelidad.
También dijo: «Yo he pecado.» Estamos ante el tercer punto de la defensa. Confesó su pecado. ¿No es el confesar nuestro pecado un requisito para reconciliarnos con Dios? En la historia bíblica hay frecuentes casos de personajes que dicen: «He pecado», como Moisés, David y otros. Judas Iscariote reconoció su pecado y no se aferró al falso orgullo de los que pretenden justificarse con toda clase de excusas. Judas era en ese instante un joven abrumado por su tremenda maldad. No podemos acusarlo diciendo que no confesó su pecado. Lo hizo.
Además, testificó en cuanto a Jesús, declarando que había entregado «sangre inocente». Sus palabras fueron: «Yo he pecado entregando sangre inocente.» Tenemos el cuarto punto de la defensa. Mientras Pedro negaba su relación con el Hijo de Dios, Judas Iscariote afirmaba que el Maestro era inocente, ¡y lo declaraba frente a sus grandes enemigos! Así, en una hora crucial, se identificaba como discípulo de Jesús momentos antes de la crucifixión. ¿No es el hecho de testificar valientemente a favor de Jesús una actitud propia de los que creen en él?... Tampoco podríamos acusar a Judas Iscariote diciendo que no dio testimonio de la inocencia de Jesús.
LA SENTENCIA
«Salió, y fue y se ahorcó.» (Mt 27.5) Judas, el Iscariote, dictó su propia sentencia. Recordemos. Él estuvo más de tres años al lado de Jesús, predicó en Su nombre, echó demonios en Su nombre, sanó enfermos en Su nombre, lo traicionó, se arrepintió, devolvió totalmente el precio pactado por la traición, confesó su pecado, y fue el único discípulo que ese día declaró ante las autoridades que el Maestro era inocente. ¡Pero hoy está en el infierno!... ¿Por qué? ¡Porque no fue a Jesús! ¡Porque no se acercó a la cruz de Cristo con su confesión y con su arrepentimiento! ¡Porque quiso lavar su pecado con su propia sangre, en un suicidio cruento, antes que con la sangre inocente del Hijo de Dios, que fue derramada para limpiar nuestras culpas! Todos sus pasos fueron estériles. En vez de ir al Señor, fue al templo, a los líderes religiosos (Mt 27), para encontrar la cruel respuesta que tantas veces nos da este mundo: «¿Qué nos importa a nosotros?» Y se ahorcó.
REFLEXIÓN
Aquel día hubo dos cuerpos en dos maderos. En uno estaba Judas, el Iscariote, derramando inútilmente su propia sangre, porque con ella no podía lavar sus propias culpas. En el otro se hallaba Jesús, cuya sangre limpia el pecado de todos los que lo aceptamos como Señor y Salvador. En uno estaba la evidencia del fracaso humano, la tristeza de la frustración, el dolor de haber errado el camino, la angustia de no haber hallado auxilio en la institución religiosa, la pena de no haber reconocido a tiempo la bondadosa mano que le tendió el Señor. En el otro estaba la más grande demostración del amor de Dios, llevando sobre sí mismo el castigo de nuestros pecados, ofreciendo su mano a todos los religiosos frustrados y desorientados, a todos los que tienen sed en el alma, a todos los que buscan nueva vida espiritual, a todos los que necesitan perdón y paz interior, y a todos los que desean Su compañía para cruzar un día el río de la muerte y llegar triunfantes al más allá celestial.
¿Podemos juzgar a Judas? ¿Es posible, que, como fiscales, levantemos contra él nuestro dedo acusador, sin ser conscientes de nuestras propias flaquezas?... Siento profunda compasión ante el drama del Iscariote. Sé que, según las Escrituras, él fue «el hijo de perdición» (Jn 17.12). Sé que «Satanás entró en él.» (Jn 13.27) Sé que fue impulsado por una fuerza demoníaca (Jn 13.2). Pero también sé que él quiso salir del lazo, a su manera, y no pudo. Su intento de lavar su honor fue desgraciado y fatal.
Un día Judas, el Iscariote, comparecerá ante el Señor en el juicio del Gran Trono Blanco (Ap 20.11-12). Allí estará el Juez Supremo. Allí se dictará la sentencia final. Allí el Universo contemplará las consecuencias de ignorar o subestimar los privilegios ofrecidos por el Señor.